Íbamos en un bus, en un viaje de regreso al Santiago en que vivimos. Le dije que pensaba que las personas se van conociendo solas, porque sí, de a poco, de casualidad, sin necesidad de hacer preguntas como la que me había hecho como hace tres minutos. Me dijo algo así como "cuál es tu rollo?", justo antes de que se pusiera a hablar del "rollo" de todos los "amigos" que teníamos en común. Intentaba decirle que uno va descubriendo a las personas sin proponerselo directamente. Que el asunto según yo opera de manera más sencilla: un día tomai su celular y cachai que entre su música hay puro reggaetton, sin la necesidad de preguntarle "qué música escuchai"; un día hablando sale de pronto el tema de la profesión de sus viejos, entonces te contará algo relevante sobre su familia; un tarde de la nada, hablando del clima, las nubes y lo rosado del cielo, será adecuado preguntar por el historial amoroso; o simplemente, una noche ebrios, le soltaras directamente un "cuéntame tu vida" y empezará cómo si cualquier cosa a relatarte lo más significativo que le ha ocurrido desde el día en que nació. Eso que te digo siempre, de que uno colecciona pedacitos de la historia de otro, como partes de un puzzle que sabe que no terminará de armar jamás. Así me ha pasado con todos los demás, con algunos de mis grandes amigos. Pero ese día sentí la presión de sus ojos sobre los míos esperando una respuesta a esa pregunta tan amplia y tan gigante y tan i-respondible.
Semanas después seguiría preguntándome a mi misma, "cuál es mi rollo, sinceramente?", para concluir que es tan sui generis, que no podría ponerle nombre. Está formado por retazos cuyo origen es tan diverso, que nunca formaran una unidad identificable. Una respuesta que quién sabe si es cierta, pero me dejó conforme harto rato.
En ese tanto me puse roja, odio sentir el peso de la espera sobre mis ojos. Hacía como que miraba por la ventana, o miraba de verdad, al mismo tiempo que intentaba idear una respuesta que era más bien la no-respuesta.
Entonces me dijo que creía que habían personas que preferían no hablar de temas muy profundos, le dije que algunos eran más lalalá y podía ser que no se plantearan las cosas del mismo modo que él.
Me preguntó si quería dormir.
Le dije que sí. Se dió vuelta, no hablamos más en todo el viaje.
Y dormí. Dormí como se duerme cuando se llevan dos días sin dormir.
Al fin y al cabo creo que con él tiempo, él solito descubrió cuál es mi rollo. Quizás, la próxima vez que viajemos, se lo preguntaré esta vez yo: "oye, y cuál creís que es mi rollo?".
viernes, 21 de enero de 2011
Cuál es tu rollo
Publicado por Jranci .- en 22:41
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